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EL SENTIDO DE LA BANDERA (1RA. PARTE)

La expresión bíblica, “Solo la verdad nos hará libres” tiene una condición previa, el de “conocer la verdad”. Y lo planteado por Aristóteles de que  “la única verdad es la realidad”,  nos remite a entender que la búsqueda de la verdad es el ejercicio de la libertad. Porque toda realidad histórica es relativa a su observador, a la cosmovisión de quien la describe y de la identidad ideológica  de los sujetos que la protagonizaron.

En la historia de la ciudad de Corrientes, partimos de la existencia de dos sujetos históricos en confrontación, de dos culturas. De los conquistadores españoles y de los conquistados guaraníes. A partir de aquí, de la convivencia entre dominantes y dominados, nacieron nuevos sujetos, los correntinos. Quienes, nacidos y criados (criollos, mestizos,  guaraníes colonizados) fueron construyendo una identidad cultural mestiza. Toda cultura mestiza no es homogénea, es un proceso de sincretismo cultural permanente.  Pero, la realidad política de la dominación europea española fue claramente racista y clasista, por lo cual la cultura mestiza, considerada subalterna, fue rechazada y sometida por la élite política social europea en la ciudad colonial.

La revolución independentista es justamente un proceso de liberación de los dominados, lo cual, significa una liberación cultural. Este proceso, no es de liberación exclusiva en la ciudad de Corrientes sino latinoamericana; por lo tanto no es posible analizarlo fuera del contexto provincial, regional y continental. Este escenario, aunque complejo, en nuestra región fue claramente definido por los sujetos históricos en disputa: entre los monarquistas y republicanos, oligarcas y demócratas, unitarios y federales. Podrán los sujetos históricos cometer errores, expresar debilidades como fortalezas, podremos tener dudas si sus conductas sirvieron o no a los proyectos que asumieron, pero lo que no se puede confundir es la identidad política cultural de los sujetos  que dieron testimonio de vida por la revolución, por la liberación y soberanía de los Pueblos.

Conocer la verdad es un ejercicio de conocerse así mismo, cada uno que asume un relato histórico toma parte de la identidad política cultural, más aún aquellos que realizan un relato histórico, oral o escrito, con el fin de sostener y reproducir su identidad política. En este sentido, adhiero al republicanismo democrático y por lo tanto, al federalismo popular. Este proyecto fue, en nuestra región el plasmado en la Liga de los Pueblos Libres. Proyecto que fue derrotado por las armas y los sujetos dominantes, conservadores de su poder de “aristocracia acriollada”, instituyeron el republicanismo oligarca. Es necesario, entonces, que la disputa política se haga con la verdad, conociendo los procesos históricos, sin ocultamientos ni tergiversaciones. Asumiendo la identidad política cultural desde sus raíces, sin  falsedades ideológicas.

Los símbolos, como los escudos y las banderas, representan el proceso de la construcción política cultural de los pueblos, por lo tanto, no pueden ser concebidos como un concurso de diseño de interpretación individual de las identidades políticas y culturales histórica de los pueblos. Más aún, en una ciudad como Corrientes donde el relato histórico oficial, es decir el que se reproduce en las escuelas e institucionalizado en sus fechas conmemorativas, está plagado de falsedad ideológica.

Los escudos tienen origen en los escudos de armas de la sociedad feudal en la Edad Media, de  la nobleza y la Iglesia Católica para la identificación de linajes y miembros de su jerarquía. En la construcción de ciudades se continuó con esta identificación convirtiéndose en emblemas basados en el lenguaje del blasón, que es el arte de describir el escudo de linajes, de reinos, de ciudades y hasta de naciones. Por ello, el escudo de Corrientes tiene la identidad del origen cultural de los fundadores de la ciudad, lo cual es correcto y debe mantenerse, salvo que se pretenda una re-fundación.

La Cruz es la mayor identificación de la cultura de los fundadores proyectada a la actual cultura correntina, inclusive de los pueblos guaraníes en nuestra región. Treinta pueblos guaraníes fundados por los jesuitas dan cuenta de ello. El escudo de la ciudad de Corrientes contiene toda la representación fundacional y la identificación de la naturaleza del lugar del cual surge el nombre popular de la ciudad.  Lo que no es correcto es sostener la identidad sobre la falsedad ideológica del milagro de la Cruz. De un milagro inventado que contradice los principios y valores cristianos ya que aun se enseña en las escuelas primarias, el milagro de la Cruz haciendo dibujar a los niños, la Cruz con fuego en su base y dos indios muertos por un rayo. Más allá de la inexistencia de tal milagro, determinado por el propio Vaticano, lo aberrante es adjudicarle a Dios la muerte de los indios, de seres humanos que solo trataban de defender su tierra y su libertad. Este relato del milagro contiene la intencionalidad racista de estigmatizar al “indio” como el bárbaro, salvaje, malo y feo.

La importancia de terminar con esa falsedad ideológica es fundamental para terminar con las concepciones racistas de los adoradores de los linajes patricios, cultores del Instituto de Limpieza de Sangre, que contradicen la esencia de los preceptos cristianos. De que pongamos, los principios y valores humanos, la filosofía de vida cristiana o del “buen modo de ser” de los guaraníes, por encima de los intereses políticos de las instituciones de poder.

Entonces,  debería reconocerse las lecciones de los valores cristianos que Andrés Guacurarí y Artigas, dio al patriciado correntino cuando vino a Corrientes a restituir un gobierno democrático federal. Cuando ese patriciado, cómplice del golpe de Estado del Coronel Vedoya, avaló la masacre del pueblo indígena de Las Garzas realizado por este Coronel, quien huyó antes de la batalla de Saladas, abandonando a sus propios soldados. Quien, no obstante su conducta criminal, fue recibido en Corrientes y ayudado por los cabildantes correntinos a fugarse, embarcándose hacia Buenos Aires llevándose niños guaraníes para reducirlos a la servidumbre.

Por estos hechos, las familias patricias correntinas estaban aterrorizadas por el temor a que Andresito, con sus fuerzas guaraníes, viniera a vengarse de los horrores cometidos por los golpistas. Sin embargo, el Comandante General Don Andrés Guacurarí y Artigas les dio una lección de conducta verdaderamente cristiana. Acampó en el predio de la iglesia de la Cruz  fundadora, el 19 de agosto de 1818, donde ofició misa el padre Fray Acevedo; y a la mañana del día siguiente, Andresito marcho caminando y desarmado hasta la plaza principal. Los historiadores le dan poca importancia a este hecho, al gesto de Andresito, a su mensaje de Paz, de no ser un “conquistador” sino todo lo contrario, un garante de la libertad de los pueblos.

No obstante el gesto, Andresito para aflojar la tensión con el patriciado, programó y los convocó a una obra de teatro realizada totalmente por guaraníes de su fuerza. La obra fue “La tentación de San Ignacio”, pero la respuesta de las familias del patriciado fue no asistir, expresando  un desprecio hacia los indios guaraníes. Es por este motivo que Andresito mandó cortar el pasto de la Plaza con la mano a quienes hicieron tal desprecio. Mientras estuvo en Corrientes, todos los historiadores reconocen que no hubo ningún acto de violencia de los guaraníes en la ciudad.

Sería muy positivo, que la propia iglesia proponga al Ministerio de Educación de la provincia se enseñe el significado espiritual de la Cruz en la fe cristiana de los conquistadores, en reemplazo de la falsedad del milagro anti-indígena, que contradice los principios humanísticos del cristianismo. Y bueno sería, apoyen la reivindicación cristiana, de sus valores humanísticos, de Don Andrés Guacurarí Artigas y de los guaraníes de las misiones de nuestra región; donde los jesuitas vieron la posibilidad de realizar la sociedad utópica definida en la República de Platón y en Utopía de Tomás Moro. Más aún, siendo el actual Papa Francisco, argentino y Jesuita.

 

Juan Alfredo González
Presidente
Asamblea Ciudadana de Corrientes

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