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TRABAJADORES UNIDOS ¡VENCEREMOS!

Todos sabemos que estamos en una profunda crisis sistémica del neoliberalismo-capitalista en el mundo. Los movimientos sociales, que luchamos contra la globalización, sostenemos que es de carácter civilizatoria. La cual se agudiza, debido a que los mercados financieros han puesto en crisis las mayores economías del mundo. Los países desarrollados siguen aplicando sus recetas de ajustes neoliberales, sosteniendo la acumulación y niveles de concentración de riqueza, con un modelo de producción que pone en peligro la existencia misma de la vida en el planeta. Las crisis: climática, alimentaria, del Agua, energética, son el reconocimiento de que la crisis es sistémica y no, simplemente, financiera.

La historia de estos procesos la conocemos de sobra en América Latina, tanto de sus políticas como de sus actores, diagnósticos, recetas y sus resultados de exclusión social. Corrida bancaria, inflación, desabastecimiento, hiperinflación, fueron y son políticas de facto de los poderes financiero y económico contra los pueblos, condicionando la institucionalización del ajuste. El conocimiento de estas políticas es total, nadie puede pecar de ignorante, menos “dirigentes” que fueron partícipes de estos procesos en la Argentina.

Recordemos el gobierno de Alfonsín. Quien, desde su identidad política, encaró una reconstrucción democrática en tres  cuestiones fundamentales: en los derechos humanos, con el juicio a la Junta militar y la conformación de la CONADEP; en lo económico financiero enfrentando al FMI con la auditoria de la Deuda Externa; y la democratización sindical con el proyecto de Ley Mucci. En las tres, fue derrotado por las corporaciones: por las Fuerzas Armadas con las leyes de obediencia debida y punto final; por los Grupos económico-financieros, asumiendo las recetas y control del FMI, terminando su gobierno con hiperinflación; y el proyecto de Ley sindical no paso el senado, entregando el Ministerio de Trabajo al “grupo de los 15”, mayor expresión del unicato corporativo sindical.

Estaba claro que la desintegración social realizada por la dictadura, redujo la Democracia a una mera disputa electoralista de la “representación política”. Disputa generadora del divisionismo, del sectarismo y la fragmentación ideológica. Esta crisis política, significó el fracaso de Alfonsín y la profundización no-democrática del gobierno de Menem-Duhalde.

Con el menemismo se inició, formalmente, la crisis política ideológica de nuestro tiempo, marcada por la caída del muro de Berlín en ese año 1989. Aquí encontraremos el origen de la descomposición política de nuestro país. Menem inauguró la política basada en la falsedad ideológica, al prometer: salariazo, revolución productiva y cultura del trabajo, y hacer todo lo contrario. La falsedad ideológica del menemismo se sustentó en la teoría del fin de las ideologías para justificar su entrega al imperialismo neoliberal.

Nosotros no aceptamos esta teoría, mucho menos su práctica. Las políticas menemistas, con la complicidad política y de negocios de la burocracia corporativa sindical, nos llevaron a la entrega total, del patrimonio y de la soberanía Nacional. Y el mayor exponente de esta descomposición política en el sindicalismo es, sin dudas, Luis Barrionuevo. Sincera expresión de la falsedad ideológica, de característica mafiosa, contrario a los principios y valores más elementales del trabajo. Los trabajadores podemos tener dudas en tiempo de crisis, pero nunca confusión ante cualquier iniciativa originada por esta degradación política. Por ello, quienes construimos democráticamente la unidad de los trabajadores, sosteniendo el mandato fundacional del CTA, nada tenemos que ver con esta “mesa de enlace sindical”.  Nuestra lucha no se mancha.

Nosotros, resistimos al neoliberalismo por encima de la burocracia sindical, construyendo nuestra identidad colectivamente, siendo parte activa del movimiento popular. Reafirmamos con convicción el camino transitado, asumiendo la lucha anti-imperialista con los movimientos populares de Nuestra América, no solo para resistir al neoliberalismo sino, planteando y proponiendo la construcción de alternativas al sistema. Así fuimos protagonistas de la lucha contra el ALCA, al que derrotamos en noviembre del 2005 en Mar del Plata. Fuimos protagonistas de la construcción de aquella III Cumbre de los Pueblos, de la movilización y del el Acto histórico con el Comandante Chaves. Sabemos muy bien quienes estuvieron de un lado y del otro.

Aquella victoria de los movimientos populares marcó un punto de inflexión en la historia latinoamericana. Donde asumimos el compromiso de avanzar hacia una verdadera transformación política cultural con la integración de los Pueblos desde los Pueblos. Para ello, urge resolver nuestra propia crisis de construcción política. Superar la crisis ideológica requiere de grandeza política democrática.

Los movimientos sociales de América Latina, definimos la disputa Cultural de este tiempo, entendiendo que los principios y valores de vida no-capitalista están en nuestra historia; están en los pueblos originarios, en las multitudes populares constituidas desde los procesos independentistas, de donde nutrimos nuestra identidad política, ideológica y cultural.

Este es nuestro camino, orgullosamente  transitado, desde donde nos comprometimos enfrentar esta crisis sistémica, construyendo una alternativa democrática, federal y popular.

Convoquémonos todos los que luchamos contra el neoliberalismo, desde los trabajadores en el movimiento popular, asumiendo nuestras diferencias para resolverlas en la construcción democrática real. No puede haber confusión entre quienes caminamos hacia la misma utopía, porque lo importante es caminar.

Solo con la unidad democrática del movimiento popular venceremos.

Juan González
Secretario de Integración
CTA – Nacional

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